Mi Miedo A Morir Me Enseñó a Vivir

el
Kenia Peña Nicaragua
Aprendiendo a vivir
De mi enfermedad del corazón, y mis inmensas ganas de volar.

Bum bum, bum bum, bum bum. Han sido cientos de noche en que mi corazón me ha aquejado. Diferentes padecimientos y diagnósticos. Y un extraño amigo que visita cuando el pecho aprieta un poco mas:

El miedo a morir.

Hoy te cuento cómo transforme mi miedo en un dulce impulso para conquistar mis carreras.

¿Que sucede cuando perdes el aire, las fuerzas, el pecho duele, y de pronto entra un dolor mayor: El dolor de dejar a tus seres amados?

De pequeña se me vió como una niña diferente. Curiosa y callada. Me hacia mil preguntas de la existencia. ¿De donde vienen el sol y la luna? ¿Qué los sostiene? Me hacia mil preguntas en mi cabeza que si nadie podia contestar iba y buscaba las respuestas por mi propia cuenta. Y crecí siempre curiosa, siempre soñadora. Siempre fiel a mi persona tenaz y determinada a mis metas. Imparable. Por ratos desatendida y desconectada, relajada y hasta peresoza. Pero cuando lo ameritaba, disciplinada y enfocada. Como un robot que se le programa a una tarea especifica. Y asi pasaron, dias, meses, años. Trabajando pasito por pasito, victoria por victoria, lección por lección. Nunca fui excelente. Aprendí a relajarme en el proceso de crecer y aprender. Dejaré la excelencia para otra ocasión…

A la edad de 21 años empecé a notar los primeros sintomas. ¡Que extraños dolores! Y claro, un pequeño dolor de estomago pasa, ¿no? Pero si te duele el corazón, la mente avanza un poco mas que la fe y eventualmente el miedo entra. Mi fe me ha enseñado a creer para ver, primero cree. Y asi fue. Primero creí. Y Dios me sanó. 3 años despues, otro padecimiento. Y Dios me sanó. 4 años después, uno mas.

Mi fe me ha enseñado a creer para ver, primero cree.

Y volvieron los dias, que mas que dias parecian noches oscuras donde el dolor calaba fuerte en mi pecho y lloraba de miedo. Porque no me queria morir. Poco a poco he ido sanando. Pero a medida que me sanaba el cuerpo tambien me sanaba el alma. Y para sanar mi alma necesitaba sanar mi entorno. Estas fueron mis lecciones aprendidas, la luz en medio del caos:

  • Caminar ligero a través del Perdón: Entendí que no debía arrastrar ningún trauma, miedo o resentimiento a mi futuro. Que debía liberarme de aquellos pedacitos de negatividad que poco a poco fueron lastimando. ¿Quién me ofendió? ¿Quién me lastimó a través de la humillación u ofensa? No se, no recuerdo. Pero supe que debía perdonar conscientemente y dejar todo atrás.
  • Ver hacia atrás para Agradecer: ¿Porque motivo nos estancamos tanto en el pasado? Entendí que habían personas, o talvez experiencias agradables que me ataban al pasado. Y cosas que también me cargaban de dudas. ¿Debí haber hablado? ¿Debí haber callado? ¿Debí haber actuado? No se. Ya pasó. Avanza. Decidí meter todas mis experiencias pasadas en la cajita del agradecimiento y caminar con el futuro en mente, dejando que el pasado sea un sabio maestro de vida.
  • Un abrazo y un beso nunca están de mas: La fragilidad de la vida. Cuando podas, abraza, besa. Se sincero en las muestras de amor y cariño. Ese amigo, amiga que tanto querés aprecialo con esa muestra de cariño. Enviále un mensajito diciéndole cuanto lo queres. Los valoro tanto, los quiero. Son parte fundamental de mi vida. Hoy abrazo mas a mis papás, hoy les beso la frente y les digo “te amo”. Se que la vida se va en un abrir y cerrar de ojos y decidí aprovechar el hoy, dar amor a mis seres queridos hoy. Porque no les quiero querer mañana, les quiero querer hoy.
  • No tengas miedo a Vivir: Decidí “aventarme”. Y no hablo del emprendimiento. El guapo que me gustaba. Háblale. La cita que me daba miedo tener. Anda. La comida que quería probar. Comela. La película rara que no había visto. Vela. Me di cuenta que habían muchas cosas que no había hecho por miedo o conformismo, simplemente por no salir de mi zona de comfort y fui dejándome llevar de a poco y ¡que cosa mas linda! Vivir cada día pensando a quien voy a conocer hoy o que sorpresa me va a dar la vida hoy. Vivir sin miedo, vivir con una sonrisa en el rostro. Aprender cosas nuevas y aventarse a “lo nuevo”.
  • El dolor es Relativo: Si pude conectar con algo, fue con la enfermedad ajena. Si antes era empática, me impulsé al mil. Logré conectar y entender a las personas enfermas y ese extraño balance entre la esperanza y el flaqueo. La incertidumbre a veces, pero es más fuerte ese deseo de vivir y conquistar. Es una extraña combinación de miedo con esperanza. Pero ahí vas. Entendes esas sonrisas pesadas, llenas de amor pero cansadas, rendidas de tanto luchas y de forzar su cuerpo a seguir cada día. Y se me hizo mucho mas fácil dar un abrazo.
  • Fuentes de amor: Decidí tener amor de donde fuera bueno. Me compré un perrito maravilloso, se llama Luca y es mi compañerito. Tenía miedo de una mascota por el miedo al rechazo de otros pero puse mi necesidad y mi deseo primero y me decidí por mi primer perrijo. Una mágica bolita de pelo y amor. Cojí un poco de responsabilidad con un ser vivo y me sentí bonita. Me sentí consciente de que la vida es un regalo, y una responsabilidad que debemos cuidar. Me gusta reir, jugar, correr y saltar y con este amiguito peludito Dios me dió una felicidad bien bonita.
  • Creer. ¿Las promesas o el miedo?: Dice Dios que vas a… Dice Dios que vas a… Tantas promesas bonitas a mi vida. Promesas que aun faltaban muchos años mas para cumplirse. En ese momento pensaba, ¿que es mas fuerte? ¿Una promesa de Dios o una enfermedad? Si Dios ya había prometido, sin duda Dios iba a hacer en mi vida. Ya sabia, ya tenia la certeza. La muerte no iba a prevalecer sobre mi vida habiendo una promesa tan grande y tan especial. Y ahí fue el punto de inflexión, ¿vas a creer o vas a morir? Decido creer. Decido seguir. Decido vivir y caminar aferrada a una visión de crecimiento, de plenitud, de inspirar vidas a través de mi vivir y mi desarrollo.
Luca y yo

Es hermoso amar la vida. Me ha gustado tanto aprender a vivir con la mayor esperanza y anhelos de alcanzar cosas bonitas. No llevo una vida. Pero soy inmensamente feliz. En mi espacio, en mi silencio, con mi circulo reducido, soy feliz. Me enfermé, pero Dios me está sanando una vez y te puedo asegurar que te puede sanar también.

Te quiero invitar a vivir, a soñar, a querer, a volar, a amar, a abrazar, a reir, a cantar, a bailar, en resumen: Te quiero invitar a que encontres la felicidad, aquello que te hace feliz.

Un abrazo, un beso, y que Dios te bendiga.

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